
En España está publicado por Salamandra, al igual que todos los libros de esta saga.
Adentrándonos en la historia, en este libro encontramos la historia de Albus, hijo de Harry Potter, que empieza Hogwarts el mismo año en el que empieza la historia. Lo que da un poco de salseo a la historia es que desde el principio vemos la abismales diferencias de actitud entre Harry y su hijo, el cual debo decir que me estresaba en algunas partes por su destacable inmadurez.

Tenemos de por medio, como no, problemas con el lado oscuro de la magia, porque aunque Voldemort ya no esté presente en el mundo de la magia, hay que admitir que un libro de Harry Potter solo con personajes buenos no vendería.
Después de todo esto, aunque esté siendo un poco sarcástica, debo decir que la historia en sí me entretuvo. Realmente, preferiría no haberla leído y haberme quedado con el final de "Harry Potter y las Reliquias de la Muerte", porque aunque no fuese un final como tal y me quedasen dudas sobre que pasaría dentro de uno años, creo que esta continuación 19 años después se queda fría e insípida.

No es un libro que haya disfrutado. Tampoco me arrepiento de haberlo leído, porque hay ciertas partes que son interesantes y que resuelven preguntas que te formulas al terminar el séptimo libro, pero no es un libro ni necesario ni que considere al nivel de todos los demás. Es un libro muy prescindible, que no pasará nada si no te lo lees. Obviamente, como fan incondicional de Harry Potter, tenía que leerlo, pero como he dicho a lo largo de toda la reseña, es un libro prescindible. Es muy predecible, sobre todo si ya has leído todos los libros anteriores. Tan solo hay un giro que considero Plot-twist y que se produce casi al final. Es cierto que esas últimas 30 páginas son intensas, pero ya.
Pese a todo lo que he dicho, no puedo suspender a un libro de Harry Potter. Puede que mi decepción fuera por mis altas expectativas al respecto, pero no puedo negar que me siento decepcionada. Aun así, este libro merece tres estrellas sobre cinco.